16/11/2023
¿Sabías que el 15 de noviembre de 1867 llegó a Xalapa la ambulancia con el cadáver embalsamado de Maximiliano?
Aquí te cuento la historia: 👇🏼
“El cadáver del emperador salió de la ciudad de México en una ambulancia tres días antes, rumbo a Veracruz. Iba acompañado por Wilhelm von Tegetthoff, enviado por Francisco José I, emperador de Austria para recoger el cuerpo, y escoltado por alrededor de 100 dragones. Llegaron a Puebla el 15 de noviembre y continuaron el viaje a Xalapa al día siguiente, lugar a donde arribaron el 21 de ese mes. Finalmente, llegaron a Veracruz el 25 por la tarde y a la mañana siguiente, 26 de noviembre, el archiduque fue embarcado en la fragata Novara, misma que partió al medio día con rumbo a Europa”¹.
La historia inició así:
“El ilustre mu**to fue colocado sobre una mesa de madera, su rostro con varias contusiones aún guardaba sus rasgos europeos, el médico Vicente Licea, fue el encargado de preparar el cuerpo para su última morada. Conforme pasaron los días, la adquisición de algún objeto que hubiese tenido contacto con el cadáver, se convirtió, en un tesoro de valor incalculable. Cuenta un documento de la época titulado “Los harapos imperiales”, que durante los siete días que duró el proceso de embalsamamiento, se observaba a los sirvientes de las damas queretanas entrar al convento de Capuchinas a entregarle al doctor Licea “lienzos y pañuelos para humedecerlos en la sangre del Habsburgo…”, sangre azul, al fin y al cabo. Otros documentos de ese entonces dieron fe de que Licea realizó el embalsamamiento como se debía, sin embargo, fue interrumpido en múltiples ocasiones por los curiosos que acudían a observar cómo embalsamaban al emperador. El médico también dio su versión, aseguró que le robaron varias pertenencias del archiduque y hasta parte de su instrumental de trabajo. Otros testimonios aseguran que Licea sacó provecho de la situación y vendió fragmentos de la barba del emperador.
En su informe, Licea aseguró que el médico de Maximiliano, el doctor Samuel Basch, estuvo presente en el proceso y que, incluso, le proporcionó un excelente “aceite egipcio” con el cual barnizó tres veces el cuerpo. El cadáver imperial, fue colocado en un “baño compuesto de reactivos” útil para “absorber las humedades”. Los ojos azules de Maximiliano fueron reemplazados por unas piezas “de esmalte de gota” que Licea guardaba en su caja de instrumentos. Aunque dichos de la época refieren que el inescrupuloso médico tomó los ojos de Santa Úrsula para colocarlos en los despojos del emperador. En su libro “Noticias del Imperio”, Fernando del Paso da voz a una perturbada Carlota Amalia, que desde el Castillo de Bouchout en Bruselas Bélgica, la octogenaria emperatriz reclama a su esposo por esos ojos azules que la enamoraron con apenas veintitantos años, mientras le ruega que le regrese a Santa Úrsula los ojos que le tomaron prestados.
Licea explica que procedió a vendar el cadáver en su totalidad, después aplicó una capa de una sustancia llamada dextrina, que se usa como pegamento soluble en agua. El médico se vio obligado a escribir sus informes en varias ocasiones debido a sus descuidos. Durante los siete días que embalsamó a Maximiliano, el médico escribió sobre un joven diplomático austriaco, Ernst Schmit Von Tavera, quien quedó en blanco cuando vio a Maximiliano colgando de una cuerda. Con un malogrado embalsamamiento, el cadáver real abandonó Querétaro, su peregrinar rumbo a la Ciudad de México duro 114 días en las que aquella momia “vivió” de todo. Un testimonio afirma que eran tiempos de lluvias, al cruzar un arroyo de San Sebastián, el carro se volcó, dejando al cadáver totalmente empapado, lo que sumado al pésimo embalsamamiento, el cuerpo llegó a la Ciudad de México ennegrecido y convertido en un completo desastre, el emperador se estaba pudriendo.
Juárez, indignado y suponiendo que la Casa Imperial de Austria reclamaría a los restos, ordenó un nuevo embalsamamiento realizado por los médicos Agustín Andrade, Rafael Ramiro Montaño y Felipe Buenrostro. La tarea se realizó en la pequeña iglesia del hospital de San Andrés, los religiosos del lugar lo desalojaron para convertirlo en un salón de operaciones quirúrgicas.
De acuerdo con el cronista José María Marroqui, Andrade, Montaño y Buenrostro, volvieron a colgar a Maximiliano a fin “escurrir” todos los líquidos del cuerpo. La operación concluyó los primeros días de noviembre de 1867”. —Xalapa Antiguo.
Extracto de un artículo publicado por Beatríz Rodríguez para Excélsior
¹Con información de Luis Villanueva
Foto de dominio público
Conozca más:
https://www.excelsior.com.mx/nacional/el-tragico-peregrinar-de-un-cadaver-imperial/1315378
https://plazadearmas.com.mx/andres-garrido-del-toral-17/