19/02/2026
El otro día alguien me preguntó, muy serio, si yo ya sabía cuál era mi “teriotipo”.
Yo pensé que era una marca nueva de yogur griego.
No.
Resulta que es la especie animal con la que alguien dice identificarse por dentro.
Lobo. Gato. Cuervo. Dragón si te sientes creativo.
Y aquí es donde uno, adulto funcional que todavía paga predial y hace fila en el SAT, se detiene un segundo y dice: ¿qué está pasando?
Vamos por partes.
Primero: esto no empezó en TikTok.
Aunque TikTok lo haya convertido en carnaval.
El tema moderno de los therians viene de foros de internet en los años noventa. Grupos tipo Usenet donde gente hablaba de sentirse, no simbólicamente sino identitariamente, no humana. Al inicio se mezclaba con mitología de hombres lobo, fantasía, rol. Luego se fue formalizando en comunidad. Se pusieron nombres. Definiciones. Glosario.
Porque si algo sabemos hacer los humanos es institucionalizar cualquier sensación. Le ponemos etiqueta, logo y ya parece doctrina.
Un therian, dicho en palabras sencillas, es una persona que siente que por dentro es un animal no humano. No que le gusten los gatos. No que admire al lobo. Sino que su identidad profunda se alinea con esa especie.
El “teriotipo” es ese animal específico.
Tu especie interna.
Tu versión salvaje con acta constitutiva.
Luego viene el “shifting”.
Que no es mutar físicamente. No estamos en X-Men ni en domingo de caricaturas.
Es un estado mental en el que la persona siente que se acerca más a su parte animal. Puede incluir visualizaciones, sensaciones de “cola fantasma”, cambios en la forma de percibirse.
También aparecen términos como:
disforia de especie,
paleoterio (si tu animal es prehistórico),
cladoterio (si no es una especie concreta sino un grupo),
politerio (si tienes más de uno),
otherkin (categoría más amplia que incluye identidades no humanas en general).
Es un vocabulario propio.
Toda comunidad que se toma en serio necesita palabras técnicas. Aunque su objeto sea interno.
¿Y por qué ahora es tendencia?
Porque vivimos en una época donde la identidad dejó de ser algo estable y se convirtió en proyecto personal editable.
Antes uno era lo que hacía.
Luego lo que pensaba.
Ahora lo que siente ser.
Y las redes sociales hacen el resto.
Un video de alguien caminando en cuatro patas con máscara de zorro genera más clics que un tratado de metafísica. El algoritmo no discrimina ontologías. Solo engagement. Y pues claro, eso vende.
Hay una anécdota real interesante.
En los noventa, cuando estos foros empezaron, muchos participantes eran adultos con vida laboral normal. Programadores. Estudiantes universitarios. No era espectáculo. Era discusión casi filosófica sobre identidad, conciencia y experiencia corporal. Con el tiempo, la estética visual tomó el control y el fenómeno migró a lo performativo.
Eso cambia la percepción pública.
Una cosa es debatir ontología en un foro oscuro.
Otra es grabarte brincando como lobo en el parque y subirlo con música épica.
Ahora, si lo miramos con calma y sin hacer drama:
Esto no es nuevo en la historia humana.
Las culturas antiguas hablaban de espíritus animales, tótems, chamanismo, metamorfosis simbólica. Nos hemos identificado con capacidades animales desde siempre: la fuerza del jaguar, la astucia del zorro, la visión del águila. Las vemos en constelaciones, en mitos, en relatos fundacionales. Hasta en el horóscopo chino eliges tu animal y, sin que nadie te obligue, empiezas a decir “soy tigre, por eso soy así”.
En México están los nahuales, personas que en la tradición podían convertirse en animal. En Europa, hombres lobo. En otros lados, vampiros. La idea de cruzar la frontera humano-animal no es invento de esta semana. Muchos equipos deportivos usan a un animal en su uniforma como diciendo que tiene algunas características de él.
La diferencia es que antes era marco espiritual colectivo, tejido cultural compartido. Hoy es identidad individual declarada en redes sociales, con hashtag y todo.
Y ahí está la clave.
No estamos ante gente que “cree que es animal” en sentido caricaturesco.
Estamos ante una cultura que ya no tiene claro qué significa ser humano y está experimentando en vivo.
Eso puede incomodar.
Puede parecer exagerado.
Puede dar risa.
Pero también revela algo más profundo: cuando las estructuras tradicionales pierden fuerza, la identidad se vuelve laboratorio personal. Y en ese laboratorio, algunos prueban con género, otros con ideología, otros con espiritualidad… y algunos con especie.
Cada quien anda buscando su narrativa para no sentirse perdido.
Unos con terapia.
Otros con astrología.
Otros con máscara de lobo.
Y uno, que apenas está intentando que le cuadren las finanzas y que no le suban la luz, observa el espectáculo y piensa:
Mira nomás. oda a la humanidad discutiendo si es lobo, dragón o cuervo…
y yo todavía tratando de dominar mi versión básica.
Es muy cómodo identificarse con un animal cuando el bosque digital no tiene depredadores naturales.
Todavía.
Tony Rodriguez.