27/05/2022
Para las personas que quieren conocerme:
¡Hola! Mi nombre es Ubercito.
Hace 4 meses el rumbo de mi vida cambió.
Era de madrugada, parecía que aún era de noche el día 22 de Febrero. Se acercaron a mí en una hora que no era habitual y con delicadeza me empezaron mover. Pensé que solo daría un paseo corto como el de cada día. Pero ese día fue diferente. Me condujeron hacia un trailer. De pronto, estaba frente a una rampa y solo veía las dos puertas de la caja del trailer abiertas. Me pregunté, “¿qué está pasando? ¿A dónde me llevarán?”.
Me subieron cuidadosamente. Me abrocharon el cinturón. Cuando cerraron las puertas, empecé a sentir mucho frío. Creo que tenía miedo. Solo pensaba en que me sentía muy solito y todo estaba oscuro.
El trailer se puso en marcha. Recordé que ese día se les había pasado darme de comer. El viaje parecía nunca terminar. Lo único que me ayudaba a no sentirme solito era el ruido que me acompañaba desde afuera.
Empecé a dormitar… me quedé dormido.
“¡Buuum!”, un sonido fuerte me despertó. Abrí los ojos y veía cómo la caja del trailer se abría lentamente mientras rechinaba. Un destello de luz se hacía cada vez más grande entre las puertas. Tuve que entre abrir los ojos porque estaba encandilado.
Empezaron a hacer el mismo procedimiento pero ahora para bajarme. Encendieron mi motor, y con la poca de energía que tenía me comenzaron a mover para bajarme. Mientras descendía por la rampa, empezaba a abrir más y más los ojos.
Una sonrisa inmensa me invadió, “¡Pero qué lugar tan hermoso es este!”, pensé.
Me condujeron lentamente hasta el porche de una casa. Tenía muchas ansias por saber por qué estaba aquí. Mientras tanto solo veía a mi alrededor. La tranquilidad abundaba, y eso que estaba a plena luz del día; era mediodía.
Vi a las personas de esta casa firmar unas hojas, y luego se despidieron de los choferes que me trajeron. Solo veía como aquel trailer que me hizo llegar hasta aquí se iba yendo lentamente de mi vista. Hasta que… solo estaba yo aquí.
Los dueños de esta casa me empezaron a mirar. Parecía ser que estaban emocionados. Escuché que dijeron: “qué bonito color tiene”. Yo solo me sonrojé. De donde yo venía, yo era el único diferente y pensé que ser blanco sería mejor. Pero, pensaba “a estas personas parece ser no importarles como me veo”.
Era mediodía, las personas se metieron a su casa. Creo que era la hora de comer de ellos. Yo tampoco había comido nada pero se me fue el apetito con todo lo que estaba sucediendo. Decidí descansar después de aquel largo viaje. Sí… me quedé dormido.
Desperté y ya era de noche. Había más personas en esta casa, creo que eran familiares. Todos salieron por la puerta de enfrente, en donde yo estaba, y parece ser que me iban a sacar a pasear. Yo pensé, “aww, pero no traigo energía”. Para mi sorpresa escuché que me llevarían a la gasolinera a comer. ¡Qué emoción!
Mientras salíamos de esta casa, podía ver las luces de este lugar, su cielo estrellado, aún no sabía donde estaba. Llegamos “al vado” por donde cruza un río. Yo lo vi a la distancia, no estaba seguro si lograrían subirme sin irme para atrás pero ¡pudieron manejarme! Estaba impresionado. El pueblo se sentía como en el día; un lugar tranquilo y las calles muy bonitas.
Por fin, llegamos a “la carretera”. Giramos lentamente hacia la derecha y mientras íbamos por lo que llaman la carretera nacional, ¡wow! No lo podía creer. ¡Por fin se contestó la pregunta de en dónde me encontraba: HUALAHUISES! Pero, ¡qué maravilloso es este Hualahuises! Su nombre parece ser de algo muy antiguo…
Llegamos a la gasolinera. Escuché que preguntaron, “¿de la roja o la verde?”. Y respondieron: “de La Roja”. ¿Será que eligieron el color porque yo soy rojito?
¿¡Qué!? ¡Que bueno que eligieron La Roja! ¿La gasolina tenía diferentes sabores? ¿Cuantos más habrá?… No lo sé, pero ojalá siempre me den de La Roja. De donde yo vengo siempre me daban de la misma, y vaya que sabía diferente.
Nos adentramos de nuevo a Hualahuises, me llevaron a “la plaza”. ¡Hubieran visto! Era un lugar mágico. Había muchos árboles, eran hermosos aunque no tenían hojas. Donde yo vivía solo había una planta que le dicen maceta en una esquina, solo que era muy pequeña. Pero aquí, ¡hasta flores en Febrero había! Eran rojas como yo. ¿Lo pueden creer? Las calles tenían luces, la plaza tenían luces. De nuevo vi las letras HUALAHUISES, estaban bien grandes, y tenían dibujos. Me pregunto ¿qué serán esos dibujos que veía en cada letra?…
Después de un largo paseo en todo el pueblo. Me llevaron a casa. Ahora ese era mi hogar. La verdad, en ese momento, quería llorar pero esta vez de felicidad.
Se llegó el día que me identifico quién soy. Un día en la noche, antes de ir “al viernes de plaza”. Me pegaron una calcomanía. ¡Ya se imaginaran qué decía! ¡Sí! “¡Ubercito!” Ese era mi nuevo nombre. Antes solo era Mototaxi como los otros con los que vivía. Pero ahora ¡soy un Ubercito! Esa noche ya estaba desesperado porque las personas me conocieran por mi nombre. Llegamos a la plaza y se querían tomar fotos conmigo. Me sentía como esos que dicen que son “celebridades”. Ese fue el día más importante desde que existo.
Después de un par de semanas de ser un Ubercito, descubrí por qué estaba aquí. Todos los días empezaron a subirse diferentes personas. Conocí abuelitas que me decían que era como ‘un carrito de juguete’, mamás que me decían que yo era tierno, papás que me decían que era un lujo, niños que decían “¡mira, ahí viene el Ubercito!” Una vez un niño muy pequeño, que me llegaba hasta mis focos delanteros, gritó: “¡Mira, un tren!”. (Ese día sentí muchas cosquillitas. ¿Ese niño realmente pensó que yo era un tren? ¿De verdad me parezco uno? Quizás crecí en este par de semanas y no lo había notado). También paseé cachorritos. La primera vez, uyy, yo moría de nervios pero ellos ¡qué inteligentes! Jamás saltaron, iban muy quietos.
¡¡¡Me encanta ser un Ubercito!!!
El momento más feliz de todas las mañanas es despertar y saber ‘a quién voy a conocer hoy’. Amo a las personas y me siento feliz cuando me dicen gracias.
Por cierto, ahora trajeron otra como yo. Ya no me siento tan raro por ser el único en mi clase. Yo les aseguro que la rojita también se siente feliz como yo. Deseo que un día lleguen más Mototaxis, y que seamos los primeros en hacer de este municipio de Hualahuises algo grande.
Yo. Yo no sé cuántos años viva. Quizás no sean muchos. Pero si ese momento triste llega, yo sé que demasiado afortunado fui de haber llegado aquí a Hualahuises, y dejar huella en las personas y…
…que siempre me recuerden como el primer Mototaxi de Hualahuises, y se llamó “Ubercito