04/06/2025
Eso es así 👏
¡Mira a tu pastor! Quizá lo ves de traje, con una sonrisa en el rostro, predicando con pasión y autoridad. Pero detrás de su traje se esconden marcas profundas y heridas silenciosas que pocos perciben.
Cada cicatriz en su espalda es un testimonio de las batallas que ha enfrentado por amor a tu alma. Cada sonrisa que ves oculta noches de llanto y de intercesión, ayunos secretos, luchas internas que desgarran su carne pero fortalecen su espíritu. Como dice la Palabra: "Llevamos siempre en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos" (2 Corintios 4:10).
Muchos solo ven la victoria, la voz firme que te habla en el púlpito. Pero Dios ve las marcas que este pastor lleva, el precio que ha pagado en lo oculto para sostener el rebaño. Como escribió Pablo: "De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús" (Gálatas 6:17).
No te confundas: las marcas no son señal de derrota, sino de fidelidad. Las cicatrices no son motivo de vergüenza, sino trofeos de un soldado de Cristo. Cada herida en su espalda clama que el Reino avanza, aunque la carne sangra. Cada sonrisa es una victoria sobre el Hades que quiso callarlo.
Así que honra al pastor que Dios puso en tu vida. No por su traje, ni por su sonrisa, sino por las cicatrices que lleva en su carne, marcas de obediencia y amor. Porque aunque no veas las luchas, ellas son reales. Y en medio de ellas, su fe permanece inquebrantable.