04/01/2016
Breve historia del taxi de Barcelona y del Prat.
Los taxis modernos son herederos de los coches de caballo de alquiler del siglo XIX. Como automóviles con motor, aparecieron en Barcelona el mismo año que los primeros autobuses, en 1906.
Fueron seis taxis en una única parada en la Rambla, cerca del Arc del Teatre. Por aquella época ya se veían circular algunos automóviles por la ciudad, pero no fue hasta el 3 de agosto del año siguiente que, cuatro meses antes de la creación de la Guardia Urbana, se matriculó el primer coche.
El porqué del color amarillo
A principios de los años veinte, los taxis matriculados en Barcelona eran cerca de 250, aunque
los vehículos que se utilizaban como automóviles de plaza de alquiler eran cerca de un millar.
Dentro de la ciudad había un total de 64 paradas y los clientes eran tan escasos que ningún
taxista se aventuraba a ir a buscarlos para no perder el derecho de parada. Esto propició
imágenes curiosas como las costilladas que los taxistas hacían en las paradas de la plaza de
Catalunya. Pero esta década fue la de la expansión definitiva de la industria del taxi.
En 1924, el Ayuntamiento aprobó un Código de Circulación que, entre otras medidas, hizo
obligatorio el uso del taxímetro e impuso una raya pintada bajo la ventana de los pasajeros y la
parte posterior de cada taxi para identificarlos mejor.
El color variaba según la tarifa: blanca, 40 céntimos por kilómetro; roja, 50 céntimos;amarilla, 60 céntimos y azul, 80 céntimos por kilómetro.
Con la Exposición Universal de 1929 a la vista, la flota barcelonesa de taxis creció hasta cifras
exageradas – 4.000 vehículos – en una ciudad que no llegaba al millón de habitantes. La
competencia entre la empresa David, la multitud de nuevas compañías privadas y los
autónomos, por una parte, y de todo el sector del taxi con los tranvías, los nuevos autobuses y
el metro, por la otra, provocó auténticas guerras de precios y prácticas como la de transportar
varios viajeros a la vez o la de utilizar mototaxis con sidecar.
Tras el boom de la Exposición, muchas empresas cerraron e incluso la gran compañía David,
que se vanagloriaba de no rebajar nunca sus tarifas, creó una filial llamada Goliat que sí que lo
hizo para afrontar la crisis. En julio de 1930 el Ayuntamiento impuso un poco de orden en el
sector: estableció la obligatoriedad de un mínimo de dos años de experiencia como chofer para
obtener la licencia y la tarifa única de 60 céntimos por kilómetro. En la práctica esto supuso
institucionalizar el característico color amarillo como uniforme de los taxis barceloneses, que no
se generalizó completamente hasta 1934.
Un servicio metropolitano
Durante los años sesenta y setenta, los taxis fueron un exponente más del desarrollismo y la
motorización y fueron cubriendo parte de las deficiencias del transporte público que se
encontraba en un momento de cambio a consecuencia de la progresiva eliminación del tranvía
y de la expansión del autobús y el metro. El Ayuntamiento siguió la política de multiplicar el
número de taxis –4.400 en 1957 y 10.000 en 1977 – y de mantener las tarifas relativamente
bajas para que el servicio esté al abasto de un gran porcentaje de la población. Esta época
coincidió con la introducción de algunas mejoras en el servicio, como las paradas con teléfono
(1962) y los primeros radio taxis (13 de agosto de 1970). Aún así, la conquista de la
Cooperativa de la Industria del Taxi por parte del Sindicato Vertical, en 1959, marcó el inicio de
su decadencia y el comienzo de una serie de enfrentamientos gremiales. La picaresca en el
otorgamiento de licencias y los conflictos entre arrendatarios, asalariados y propietarios se
mezcló con las luchas políticas y sindicales del tardo franquismo que, en el mundo del taxi, se
prolongó hasta bien entrada la transición democrática. Desde 1961, por un acuerdo entre el Ayuntamiento de Barcelona y del Hospitalet de Llobregat,
los taxis de las dos poblaciones se unificaron. Diez años más tarde, Esplugues, Sant Just
Desvern, Sant Adrià de Besòs y Santa Coloma de Gramenet aceptaron también los taxis
amarillos y negros en sus calles. En 1977 la constitución de la Corporación Metropolitana de
Barcelona amplió el radio de acción de los taxis barceloneses hasta 27 municipios, cosa que
favoreció a trabajadores y usuarios. De la nueva situación solamente se resintieron los taxistas
del Prat, que perdieron el monopolio de los servicios de parada del aeropuerto. Las últimas
grandes innovaciones de los taxistas metropolitanos fueron, a partir de 1981, la instalación de
módulos luminosos conectados al taxímetro y, más tarde, la adaptación al transporte de
personas con silla de ruedas. Desde la desaparición de la Corporación Metropolitana en 1988,
es la Entidad Metropolitana del Transporte quien se ha hecho cargo de la coordinación de esta
industria.